jueves, 15 de diciembre de 2011

Cantabileando


Siempre me ha gustado cantar. Mi madre siempre recuerda, nostálgica, que antes de hablar ya tarareaba la melodía de la nana que sonaba una y otra vez en mi cuna. A los cuatro años, empecé a cantar en el coro del preescolar y, por recomendación de la directora, cuando cumplí los seis, me cambié al coro infantil de Follas novas. Allí estuve hasta los diez, cuando mi padrino le habló a mi madre sobre el gran maestro Pablo Carballido, director de otro coro infantil y juvenil, El Eco. LLegué al primer ensayo con mucho miedo, nunca me han gustado los sitios nuevos y de niña era muy tímida. Nada más verme, el director se acercó con una gran sonrisa y me regaló un cariñoso beso en la mejilla antes de decir: Venga, vamos a escucharte. Se sentó al piano y me pidió que le cantara una canción, una cualquiera. Paralizada por los nervios y, colorada como un tomate, le dije que no me sabía ninguna. Él entendió que no debía presionarme y con un gesto tierno me señaló a las sopranos, alegando que ya me escucharía más adelante y que no había de qué preocuparse. Aliviada y, cohibida de nuevo por las miradas atentas de todos, me senté en la primera fila.
Pasaron algunos meses, no me costó demasiado integrarme e iba contenta a los ensayos. Pero un día Pablo nos dijo que dimitía por razones personales. Me sorprendió la reacción de los coralistas, sobre todo de los mayores. Algunos lloraban, otros le suplicaban que cambiase de parecer, pero él se mostró tajante en su decisión. Al llegar a casa me sentí decepcionada, me gustaba ir al coro pero sólo si el director era Pablo. Unos días más tarde recuperé la esperanza que creía perdida; una compañera me llamó para animarme a participar en la búsqueda de un local de ensayos en el que fundar un nuevo coro con todos aquellos que habíamos abandonado El Eco detrás de Pablo. Él se mostró encantado con la idea y así nacióCantabile.
Comenzamos nuestras andanzas en un local cerca de María Pita, regentado por unas monjas muy amables y simpáticas, que nos dejaban ensayar gratis a cambio de que las deleitáramos con nuestras voces todos los sábados por la mañana. Allí estuvimos un par de años, hasta que contamos con los suficientes fondos como para alquilar nuestro propio local, pero no sería el definitivo. Al poco tiempo de mudarnos decidimos emigrar por última vez, al que sería el actual, en el maravilloso barrio de Monte Alto.
El 9 de Abril cumpliremos nuestro décimo aniversario y a lo largo de los años hemos ido creciendo paulatinamente con nuestro esfuerzo y compromiso. Cantabileandollegamos a la preciosa Abadía de Altemburg, en Austria. En Italia, nuestro destino predilecto, hemos cantado en Florencia, Venecia, Bolonia. Y en Roma, ante el mismísimo Papa, en la Piazza Spagna el día de la Inmaculada Concepción.
Nuestro último proyecto es una pequeña gran ópera: Dido y Eneas, de Henry Purcel. Hemos depositado todas nuestras ilusiones en ella uniéndonos niños y jóvenes, pequeños y mayores, cantantes y orquesta, música y escena. Muchas horas de trabajo pero también de diversión y cariño. En Cantabile no hay diferencias, a todos nos une una única pasión: la música.

1 comentario:

  1. Si te digo que me tienes al borde mismo de llorar un poquitín me crees?

    Qué bonito, Nuri.

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